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jueves, febrero 25, 2010

La sabiduría es riqueza

Una de las obras centrales de los Hermanos García Naveira en Betanzos fueron las Escuelas Municipales.

Su diseño estaba dirigido al despertar los sentidos, la imaginación, la inteligencia y la creatividad, acercando a los alumnos el mundo moderno y cosmopolita que habían conocido los fundadores. Sin olvidarse de la desigualdad de oportunidades existentes y de falta de promoción educativa de la población más desfavorecida.

Por eso las fundaron Gratuitas y con Medio-Internado, pensando principalmente en los niños: huérfanos, hijos de padres en paro, o de los que no ganaban lo suficiente. No solo no cobraban, sino que procuraban tener buen profesorado y medios pedagógicos, facilitaban a sus alumnos los libros y material escolar, y les daban la comida del mediodía (potaje y pan).

Las escuelas (una de Niños y una de Niñas) llegaron a alcanzar los 400 alumnos.

Sobre los dos escalones, que dan acceso del patio al edificio, se emplazaron las sentencias que guiarían su funcionamiento:

“la sabiduría es riqueza y la ignorancia pobreza”

“la instrucción engrandece al hombre y contribuye al bienestar social”.


Las escuelas contaban con un "Museo Pedagógico" del que todavía se conservan animales disecados, caparazón de la tortuga carey, mandíbulas y omoplato de ballenas, pieles y cuernos de diversos animales, corales, yakares y cocodrilos, flechas y arcos indios; una radiografía de 1920; un versículo del evangelio en 116 idiomas, mostrando la universalidad del cristianismo; modelos en escayola coloreada de partes del cuerpo humano; juegos de diseño y ensamblaje de construcciones básicas en madera; cuadro sinóptico y fotográfico de los Papas; Aparatos de agricultura, agrimensura, física y química....

Además se conserva un cuadro de ex alumnos y donde estaba colocados (nombre, lugar de origen, profesión, empleo), para testimoniar y motivar el aprovechamiento escolar.

Los dos patios del edificio escolar fueron diseñados como una continuación del Museo, un aula abierta rodeando los terrenos recreativos. Están decorados con relieves educativos, abecedario gigante, cuerpos geométricos, la hora en los relojes de diversas capitales del mundo, las montañas más altas del mundo, el paisaje lunar, el vulcanismo y las trombas marinas, los principales ríos del mundo, hay una reproducción de capiteles y columnas de diversos estilos arquitectónicos, así como de estilos de arquitectura religiosa, dos globos terráqueos, el sistema solar, y el nombre de los principales ríos españoles.

La escuela organizaba de Paseos y Excursiones de práctica escolar para los alumnos de la primaria, acompañados de sus maestros, quienes, sin prescindir de la lección teórica del día, les debían explicar cuanto a su vista fuere digno de atención. Y, a fin de que los alumnos desarrollaran su facultad de observar y discurrir, los alumnos de las secciones más adelantadas debían escribir una memoria descriptiva de sus impresiones y observaciones.

Visto en: Escuelas Jesus Garcia Naveira - Betanzos

BSO: Teach your children well - Enseña bien a tus hijos - Crosby, Stills & Nash

You who are on the road
Must have a code
that you can live by
And so become yourself
Because the past
is just a good bye.

Teach your children well,
Their father's hell
did slowly go by,
And feed them
on your dreams
The one they picked,
the one you'll know by.

Don't you ever ask them why,
if they told you, you would cry,
So just look at them and sigh
and know they love you.

And you, of tender years,
Can't know the fears
that your elders grew by,
And so please
help them with your youth,
They seek the truth
before they can die.

Teach your parents well,
Their children's hell
will slowly go by,
And feed
them on your dreams
The one they picked,
the one you'll know by.

Don't you ever ask them why,
if they told you, you would cry,
So just look at them and sigh
and know they love you.
.

Vosotros que estáis en el camino
debéis tener un código
que pueda guiarte
Y por ello se tu mismo
porque el pasado
es solo una despedida

Enseña bien a tus hijos
el infierno de sus padres
irá pasando
y aliméntalos con tus sueños
el que ellos elijan
será por el que serás conocido.

Nunca les preguntes por qué
si te lo dijeran llorarías
Solo mírales y suspira
sabiendo que te aman

Y tu, de tiernos años
no puedes conocer los miedos
con los que crecieron tus mayores
y por eso por favor
ayúdales con tu juventud
Ellos buscan la verdad
antes de que puedan morir.

Enseña bien a tus padres,
el infierno de sus hijos
irá pasando poco a poco
aliméntalos
con tus sueños
el que eligieron
será por el que serás conocido.

Nunca les preguntes por qué
si te lo dijeran llorarías
Solo mírales y suspira
sabiendo que te aman

domingo, enero 24, 2010

Este año he sido bueno

Dos Aportaciones a la quedada fotográfica del mes de enero.

Visto en: Cabalgata de Reyes en Leganés - Madrid

BSO: - All Imperfect Things - todas las cosas imperfectas - Michael Nyman

viernes, diciembre 25, 2009

El niño de cera (cuento)

-La señora aguarda ya -dijo en alemán la fräulein; y Nora, dócil como suelen ser las criaturas enfermizas, echó a andar, bajó las escaleras solita, agarrándose al pasamano, y solita se metió dentro de la berlina, al lado de su mamá, que viéndola tan seria y emperifollada al empezar a rodar el coche, le dio un beso en el poco trecho de mejilla que asomaba entre el sombrerón y el alto cuello de pieles.

-¿A que no sabes adónde vamos? -preguntó alegremente, pasándose por la fría nariz el sedoso manguito-. Vamos al convento. -¿A ver a la tía Leonor?

-¿Pues a quién? Y a la madre abadesa, y a las monjas todas.

Nora reflexionó, y una chispa de contento iluminó sus anchas pupilas entristecidas, dilatadas, como si hubiese tomado belladona. Por aquel tiempo de Navidad, la idea del convento se asociaba a la de mil golosinas y chucherías, de esos juguetes del claustro que encantan a los pequeños, porque son producto de un espíritu infantil...

La señora, entre tanto, vuelta la cabeza hacia el vidrio, sonreía a otras ilusiones... Viuda desde hacía dos años y medio, la osadía elegante de su toca orlada de violetas y el corte juvenil de su traje de pana morada con ribetes de piel, decían a voces, más que el alivio, el olvido del dolor. Consolada, sí. ¿Qué mal había en ello? Y si no se casaba inmediatamente, era porque no la despellejasen los murmuradores... Al cumplirse los tres años... Mientras tanto, que nada supiese Nora. ¿A qué disgustar a los chicos con cosas superiores a su alcance? Aquí se borraba la sonrisa. Aquella Nora, desde la muerte del padre, dijérase que era la verdadera viuda: como que no había vuelto a jugar ni a reír, y todas las recetas del médico y todos los cuidados de la madre no devolvían al menudo rostro de la huérfana color de salud. «Parece de cera esta niña...», decían las amigas y repetían los criados; y la señora al oírlo, sentía siempre un estremecimiento nervioso: el amarillo color aquel le recordaba otro color céreo, el de una cabeza difunta iluminada por blandones.

No se le ocurría solución alguna para el momento en que fuese forzoso enterar a la niña de que iba a tener nuevamente «papá...»; pero aquella misma mañana, víspera de Navidad, en un paseo a pie por las calles más solitarias del Retiro, a la hora en que el sol enrubia la arena con toques de esplendor, había quedado convenido que Nora entraría en el convento, en el propio convento de la Ascensión, al amparo de su tía doña Leonor Arlanza, para quedarse allí hasta una edad «presentable». «Si le dará la vida... Lo que tiene es puro mimo.» Tal era la opinión del «papá» futuro, y la señora, entre preocupada y convencida, había acabado por acceder. Al menos, cuando Nora estuviese en la Ascensión, no vería su palidez, de cirio, sus dilatadas pupilas, la expresión precozmente grave de aquella cara que cada día, facción por facción y rasgo por rasgo, traía más a la memoria la faz del muerto.

Cosa resuelta. Mientras la niña se entretenía con las monjas, que sacaban regalillos al través de la reja y se deshacían en fiestas y arrumacos, la mamá cuchicheaba con la abadesa acerca del asunto. Sí, cuestión de hacer un viaje indispensable... El viaje duraría, ¿quién es capaz de saber?, quizás un año; más aún, probablemente... Norita no había de andar rodando por las fondas... En el convento estaría al primor. Y la abadesa aprobó con la cabeza; ¿dónde mejor? Allí, con su tía, con las madres, en aquel sosiego, lejos de peligros mundanos, preparándose a la primera comunión... Que la trajese cuando gustase, sin reparo; que la trajese y vería maravillas. ¡La madre Leonor iba a ponerse poco contenta! Tener allí a la sobrinita... Y la señora, al escuchar a la anciana monja, desdentada, babosa como una abuela, perdió los escrúpulos y se decidió a soltar de lleno el peso de la maternidad. ¡Se la cuidarían! Podía apartarla de sí, correr hacia la felicidad, como el barco que libre de lastre vuela al empuje de las olas...

Subiéronse otra vez al coche la niña y la madre. Rodó la berlina por las calles casi desiertas en aquella hora y con aquel glacial frío del diciembre madrileño. Niebla gris y densa empezaba a tender sus fluidos tules, y los mecheros del alumbrado, entre ella, amarilleaban y extendían su irradiación en fantásticos círculos de claridad, como ojos inmensos de mochuelo. Nora, de pronto, tocó en el codo a la dama.

-Mira lo que llevo aquí -dijo con cierta ufanía, entreabriendo el abrigo.

Se inclinó la madre, y en una intermitencia de luz que proyectaron los faroles de la berlina, vio el bulto de un muñeco, de un nene desnudo... Era el clásico Jesusín de las monjitas, ingenuo y castamente idealista en su modelado: pero tan mísero de formas, tan chiquitín y, sobre todo, tan mortecino de color, que la señora no pudo menos de exclamar riendo:

-¡Qué feo es el pobre muñequito! ¡Si no supiese que era el Niño Dios...!

Calló al pronto Nora, y después, con énfasis, murmuró, respondiendo a la observación de su madre:

-Feo será, pero se me parece mucho.

Y como su madre se echase a reír otra vez de la inesperada ocurrencia, añadió la chiquilla:

-Pues es verdad. Verás si fräulein dice o no que nos parecemos. ¡Si es igualito a mí! Como yo; de cera. ¿No soy yo de cera, mamá?

-¡Qué tontería! -exclamó la señora, involuntariamente acongojada por las ideas que el dicho despertaba en su conciencia-. ¡Qué has de ser de cera! Eres de carne. ¡Boba!

-Pues bien he oído -insistió la niña- que soy de cera; ¡vaya!, lo he oído. Y el otro día, el jueves, cuando vinieron a verte aquellas señoras, ¿no sabes?, las de Vivaldo..., también las oí que al salir decían que por eso..., porque soy de cera..., parezco un muerto. ¿Es verdad, mamá? ¿Son de cera los muertos? ¿Está muerto este Niño? ¿Era de cera papá..., después que se murió?

La congoja de la señora adquirió intensidad física tal, como si una mano de hierro la apretase el corazón, deshaciéndoselo violentamente. El lento rodar del coche entre la niebla; la voz de la niña, apremiante y suplicante; su rostro, en que la semiobscuridad llenaba de sombra la boca y los ojos, no dejando aparecer sino las vagas blancuras de la frente y las mejillas, todo contribuía a evocar los temidos recuerdos funerarios que de tiempo en tiempo asombraban su espíritu, deseoso de borrarlos para siempre.

-¡Pero qué ha de estar muerto ese niño, hija! -tartamudeó, evadiendo la otra pregunta-. ¡Si es el Niñín Jesús! ¿No sabes que ha de nacer mañana a medianoche? Mira, no digas disparates...

-Y si nace mañana..., ¿puedo yo ser su mamá? -interrogó la niña.

-No hay inconveniente... -contestó la señora con la respiración algo más desahogada, y atrayendo a sí a Nora para hacerle una caricia.

Antes de que los labios de la madre llegasen al rostro de la criatura, ésta había pegado los suyos a la carita pálida del Niño de cera, murmurando:

-Éste es mi hijo... Dormirá en mi cuarto, y ya no me separo de él. ¿Eh, mamá? Los niños.... con sus madres.

La caricia de la señora se humedeció. Un rocío fresco, ascendiendo del corazón a las pupilas, dilató su alma, en la cual la maternidad dormía, pero alentaba aún poderosamente. Y apretando a Nora con una especie de furia, con la tierna brutalidad del instinto que despierta y rompe por todo, articuló como el que pronuncia un juramento:

-Los niños, con sus madres... Claro, cielo mío.
El niño de cera (1889)
Emilia Pardo Bazán


(si, esta es la otra figura que se salva del horroroso conjunto)

BSO: Danny Boy - Diana Krall + The Chieftains

Bueno un par más para superar el "bajón". Primero, en transición...
BSO: Danny Boy - The Pogues

Y para recuperarse ...
BSO: Danny Boy - Tir na N'og - Musica celtoide desde Serbia

jueves, julio 23, 2009

Cuando éramos pequeños...

Todo era grande
Todo era nuevo
Todo era lento

Cuando éramos pequeños...



Visto en: VentosadelaSierra - Arevalo de la Sierra - Soria

BSO: Circus Left Town - El Circo dejó la ciudad - Eric Clapton

jueves, junio 18, 2009

El niño que mira a la Luna

Lo encontrará, el viajero, en un recóndito rincón de la Ciudad Vieja de Estocolmo, en la pequeña plazuela nacida tras la demolición de una casa en los sesenta, junto a dos edificios donde antiguamente se jugaba a la pelota.

Tendrá que mirar con detalle, ya que su escaso palmo de altura puede hacer que pase desapercibido, al ojo novato, junto al único arbolillo de la plaza. Sin embargo, el pequeño tamaño que le dió su creador, Liss Eriksson, no hace más que engrandecerlo. Su sencillez hace que sea suyo el espacio del resto de la plaza.

Preguntando, el viajero sabrá que los vecinos lo llaman Olle pero que su verdadero nombre es Pojke som tittar på månen (Niño mirando a la Luna) aunque responde también por Järnpojken (Niño de Hierro/Iron Boy).

El niño permanece sentado, con los brazos rodeando sus rodillas, en su camita mientras contempla la luna. El viajero, creerá ver una sonrisa soñadora, en su cara metálica sin faccciones.

Los que tienen la fortuna de llegar a él, bien por buscarlo, o bien por no hacerlo, suelen frotar su cabecita, o dejar junto a él monedas pequeñas y chucherías. En invierno, sus vecinos, para evitar que pase frío, le tejen bufandas y gorritos de lana.

El viajero, tras fotografiarlo, tocará su cabeza y esbozando una tímida despedida saldrá de la placita cruzando una cancela de hierro.

Visto en: Bollhustäppan - Gamla Stan - Estocolmo - Suecia

BSO: Boy with a Coin - Iron and Wine


A boy with a coin
he found in the weeds
With bullets and pages
of trade magazines
Close to a car
that flipped on the turn
When God left the ground
to circle the world

A girl with a bird
she found in the snow
Then flew up her gown
and that’s how she knows
That God made her eyes
for crying at birth
Then left the ground
to circle the Earth

A boy with a coin
he crammed in his jeans
Then making a wish
he tossed in the sea
Walked to a town
that all of us burn
When God left the ground
to circle the world
Un niño con una moneda
que encontró en la hierba
con balas y páginas
de folletos comerciales
Cerca de un coche
que volcó en la curva
cuando Dios emprendió el vuelo
para dar la vuelta al mundo

Una niña con un pájaro
que encontró en la nieve
Cuando voló desde su camisón
fue como supo
que Dios hizo sus ojos
para llorar al nacer
Luego emprendió el vuelo
para dar la vuelta al mundo

Un niño con una moneda
que metió en sus vaqueros
luego, pidiendo un deseo,
la lanzó al mar,
caminó hasta una ciudad
que todo nosotros quemamos
cuando Dios emprendió el vuelo
para dar la vuelta al mundo

domingo, mayo 04, 2008

Los niños primero

Lo que no dice el cartel es si los "cocheciños de los bebiños" se aparcan en línea o en batería.

Vale, Vale, seguro que los que conoceis la zona me direis que "Bebiños" es el nombre de la Tienda de Productos para Bebés que está detras. Pero, aun así, el cartelito tiene su gracia ¿no?

Visto en: Os Anxeles - Brión (Vía GoogleMaps)

BSO: Baby you can drive my car - Bobby MacFerrin,versionando a los Beatles. (Via Songza)