Eran aquellos andurriales sitios tristes, yermos, desolados; lugares de ruina, como si en ellos se hubiese levantado una ciudad a la cual un cataclismo aniquilara. Por todas partes se veían escombros y cascotes, hondonadas llenas de escorias; aquí y allí alguna chimenea de ladrillo rota, algún horno de cal derruido. Sólo a largo trecho se destacaba una huerta con su noria; a lo lejos, en las colinas que cerraban el horizonte, se levantaban barriadas confusas y casas esparcidas.
El Puente Fortes, uno de los primeros puentes de hormigon de Lugo, pertenecía a la antigua carretera que unía Taboada e O Saviñao y se construyó entre los años 1942 y 1945.
Parece que su nombre procede de un tal Fortes, propietario de una gasolinera en Taboada, que fue una de las personas que más influyó para que construcción sustituyera al antiguo servicio de barcas entre las dos riberas.
Parece ser que incluso mientras se construía, ya se sabía que iba a quedar inundado por el embalse de Belesar, lo cual finalmente ocurrió en 1963. Desde esa fecha, la crecida de nivel hizo que el río pasara a circular un centenar de metros por encima del puente. Desde entonces el puente permaneció oculto hasta que, este año, unas obras en la presa lo han dejado temporalmente a la vista.
Tras la inundación del valle se recuperaron los servicios de barcazas hasta que en 1969 el Puente Fortes fue sustituido por el llamadao Puente de Mourulle, un viaducto de hierro diseñado por el famoso ingeniero Torroja y bautizado por los lugareños como "a ponte dos parafusos" (el puente de los tornillos).