jueves, julio 28, 2005

Estar Quemao












Generalmente soy parco en palabras....
Hoy sin que sirva de precedente posteo letra y mas letra... creo que la ocasion lo merece...

He recibido a rravés de una cadena de correo una suerte de manifiesto procedente de tecnicos forestales de la Junta de Castilla la Mancha sobre el desgraciadamente famoso incendio de Guadalajara.

La verdad es que me ha sentado como un soplo de aire fresco en medio del agobiante coctel de irresposiblidad politica y carroñeo que ha caracterizado el asunto. Por eso, y sabiendo que no saldrá ni en el telediario de la primera ni en la cadena cope, me he decidido a ponerlo.
Ahi va:

[... Los abajo firmantes, integrantes del operativo adscrito a la campaña de prevención y extinción de incendios forestales en el año 2005, y otro personal de la Consejería de Medio Ambiente de Castilla-La Mancha, desean manifestar su profundo malestar ante la enorme acumulación de noticias con contenidos erróneos, incompletos o distorsionados que se ha venido produciendo en la última semana, en relación con el gran incendio iniciado en Riba de Saelices el pasado 16 de julio. Quede claro en primer lugar que jamás un profesional en la extinción de incendios podrá sentirse satisfecho de los resultados de su trabajo ante un incendio de tan catastróficas dimensiones, y menos aún cuando se ha cobrado la vida de 11 trabajadores. Pero de ninguna manera cabe aceptar las afirmaciones cada vez más insistentemente vertidas acerca de la tardanza e insuficiencia de medios enviados, sugiriendo una respuesta inadecuada y negligente por parte del operativo de extinción, e incluso llegando a afirmarse que de otro modo podría haberse evitado la muerte de estas 11 personas. Afirmaciones que según vemos con preocupación, al verse reproducidas una y otra vez en los medios de comunicación sin que se produzca una respuesta categórica y sólidamente fundada en hechos documentados, comienza a cobrar firmeza en una opinión pública que insistentemente demanda explicaciones.

Sería necesario no un breve escrito, sino un voluminoso documento para dar detallada respuesta a las muchísimas afirmaciones vertidas contrarias a la realidad. Pero, por sólo enumerar algunas de las más graves, deben aclararse los siguientes extremos.

En primer lugar, la respuesta al aviso inicial con los medios provinciales se produjo de manera inmediata, aunque como cualquiera puede entender sea inevitable el transcurso de un lapso de tiempo desde su salida hasta la llegada al lugar del siniestro, la imprescindible observación y evaluación inicial y la solicitud de medios adicionales para apoyar a los primeros. Desafortunadamente las muy desfavorables condiciones meteorológicas, topográficas y de vegetación, impidieron que el primer ataque pudiese atajar el avance del fuego. Constatada la gravedad del incendio se fue procediendo al aporte adicional de medios adscritos al Plan Regional, con las limitaciones que impone la atención simultánea a otras alarmas en el mismo territorio de la comunidad autónoma. Como muestra, baste decir que el mismo fin de semana otro incendio devoró en Ciudad Real una superficie forestal superior a las 1.000 hectáreas, hecho que prácticamente ha pasado desapercibido en los medios de comunicación y que obviamente precisó para su extinción un gran volumen de trabajo y aporte de recursos.

La movilización de medios dependientes de organismos estatales se produjo desde el primer día, apenas se tuvo constancia de que la importancia del incendio lo requería. Así, apenas una hora después de la primera alerta, se solicita el apoyo de medios aéreos del Ministerio de Medio Ambiente, continuando la solicitud y aporte de medios adicionales durante esa primera jornada y las siguientes. Esta es una práctica totalmente habitual, tanto en incendios de gran magnitud como en otros de mucha menor entidad antes de que pueda aumentar su gravedad, se efectúa a través de un protocolo tan sencillo como una comunicación por fax entre técnicos de guardia, sin necesidad de intermediación de responsables políticos, y sin ninguna necesidad de declarar previamente el Nivel de Gravedad 2, como de manera absolutamente inexacta se está dando a entender.

Igualmente se solicitó ayuda de otras comunidades autónomas, a través de protocolos estandarizados sencillos y rápidos, con comunicación entre responsables técnicos de guardia. Estos se prestaron cuando fue posible, dado que al igual que en Castilla-La Mancha, otros siniestros tenían lugar simultáneamente a lo ancho del territorio nacional. Al igual que en el caso de la colaboración de la Administración estatal, la buena disposición de los servicios contra incendios de las comunidades autónomas debe quedar fuera de toda duda. Es totalmente incorrecta la sugerencia que se está transmitiendo a la opinión pública de que se rechazase injustificadamente la colaboración ofrecida por estas otras administraciones; por el contrario, se consideró oportuno no añadir más medios al operativo que ya estaba trabajando en ese momento, en especial en lo referente a medios aéreos. En este punto debe hacerse saber a la opinión pública que el trabajo de las aeronaves en un incendio no reviste menos peligrosidad que el de los retenes terrestres; los datos de accidentes en extinción en anteriores campañas así lo demuestran. Las extremas condiciones de viento, temperatura, turbulencia, falta de visibilidad y el propio riesgo de las operaciones de ataque, exige una coordinación muy precisa entre aviones y helicópteros; llegado un determinado nivel de tráfico aéreo en la zona y para unas condiciones de trabajo, el aporte de más medios de este tipo puede llegar a comprometer la propia seguridad sin aumentar sensiblemente la eficiencia.

Es comprensible el nerviosismo y angustia de la población de los pueblos afectados ante la terrible visión de un incendio de estas proporciones, añadida a las evacuaciones efectuadas. Las expresiones abundantemente repetidas estos días por parte de los ciudadanos, acerca de la sensación de que no había medios actuando, es un hecho con el que todos los que hemos trabajado en extinción de incendios estamos familiarizados, aunque pueda sorprender al lego en la materia. Sin embargo, el que el trabajo no resulte directamente visible no quiere decir que no exista. Desde el primer día se desplegó un amplio operativo de medios terrestres, evidentemente no visibles para un observador lejano, pero no menos eficientes que los medios aéreos.

De este dispositivo de combate terrestre formaban parte los 11 trabajadores tristemente fallecidos. Aquí cabe reflexionar acerca de si con un mayor despliegue de medios de todo tipo hubiese podido evitarse tan fatídico accidente. Por desgracia, toda persona que haya trabajado en la extinción de un incendio conoce que el comportamiento del fuego en el monte es un fenómeno difícilmente previsible, y en condiciones desfavorables incluso sorprendente, como ocurrió en este caso, en el que trabajadores con décadas de experiencia en extinción se vieron involucrados. A ello hay que añadir, hecho que ha pasado prácticamente desapercibido, el especial infortunio de que uno de los vehículos sufriera un accidente tratando de escapar del fuego. En tan desafortunadas circunstancias, sugerir lo que hubiera podido suceder con otros recursos es como mínimo temerario.

Se podrían continuar explicando largamente otras circunstancias inadecuadamente presentadas a la opinión pública. No este escrito el lugar de exponerlas, muchas de ellas requerirían más pausadas justificaciones técnicas, razonadas y precisas, y aquí no hallarían espacio. Otras habrán de ser objeto de reflexión para el personal técnico que una campaña tras otra trabaja en materia de extinción de incendios y continuamente añade nuevas experiencias a un acervo de conocimiento siempre incompleto y en evolución y perfeccionamiento. Reiteramos aquí que aunque el resultado del trabajo desarrollado haya sido inevitablemente insatisfactorio, a ninguno queda la menor duda de que se haya hecho lo humanamente posible en estas condiciones.

Este escrito es absolutamente ajeno a toda disputa política. Está suscrito por personas con muy diferentes opiniones en tal aspecto, pero que en este caso sostienen una opinión clara y unánime. No es ni de lejos nuestra intención valorar, refrendar o rebatir las numerosas intervenciones públicas de miembros de los principales partidos políticos de nuestro país, en cuanto las mismas no afecten a la simple realidad que el ciudadano debería conocer. Lo mismo cabe decir en cuanto a las manifestaciones de otros colectivos sociales, ecologistas, comentaristas de opinión, etc. No es la misión de un técnico al servicio de la administración la valoración política; ni siquiera lo es el ofrecer explicaciones en ámbitos fuera de los individuos o colectivos directamente implicados. Nuestra opinión parte de una perspectiva esencialmente profesional, y es por ello que no comprendemos las razones que hayan conducido en este caso a la dimisión de la Consejera de Medio Ambiente. Únicamente podemos lamentar que al malestar por lo sucedido haya que añadir una consecuencia que afecta a la cabeza visible de esta consejería, y que como colofón pueda producir en la opinión pública la impresión de que con ello se reconoce una gravemente desafortunada gestión de esta emergencia, cuando entendemos que no ha sido así. ..]

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