- Es muy difícil de contestar, porque si uno dice «sí, estoy contento de mi vida» parece estar expresando una especie de satisfacción con lo realizado; mientras que si dice «no, no estoy contento con mi vida», expresa una actitud de frustración, y tanto lo uno como lo otro corresponde a un plano superficial. Yo entiendo su pregunta como referida a un plano más hondo: el de la relación de uno mismo con el mundo, ese mundo que él no ha elegido sino que le ha sido dado, pero que es el único con que puede contar. Hay quien se coloca en perpetua rebelión contra la realidad y hay quien la acepta plenamente dejándose llevar con placidez como los corchos que flotan encima de la corriente. Éstas son actitudes extremas para mí igualmente inapropiadas. Entiendo yo que la realidad del mundo al que uno ha venido debe aceptarse como un desafío, apoyándose en ella para realizar su personalidad combativamente y crearse a sí mismo. En este sentido yo diría que sí, estoy satisfecho de mi vida a pesar de que no ha sido parva la cantidad de sufrimientos y perturbaciones que las circunstancias me han traído. Pero frente a cada situación he sabido reaccionar, creo yo, con el menor daño posible para mi integridad espiritual y moral, en cuyo sentido creo que he cumplido el deber esencial de todo ser humano: realizarse a sí mismo con la máxima plenitud que le ha sido dado alcanzar.
- ¿Piensa usted alguna vez en la muerte?, ¿le teme a la muerte?
- La muerte para todo ser humano consciente es una perspectiva que no puede nunca dejar de estar a la vista. Hay que vivir sobre la perspectiva de la muerte, sabiendo que uno se va a morir y actuando sobre ese saber. Aceptado esto, que es precisamente la piedra angular de la situación del ser viviente en el mundo, o sea, el desafío básico que la vida nos ofrece, no tiene mucho sentido el miedo a la muerte. Claro que es una perspectiva desagradable, temible; pero una vez aceptada su inevitabilidad no hay por qué estar aterrado de un modo continuo o de un modo esporádico; sino aceptar de antemano el hecho de que uno se tiene que morir. Pienso que esa angustia perpetua de Unamuno, con todo su valor inmenso como fuente de una filosofía y de una actitud frente al universo, lo que hace es conducir a un plano trascendente algo que en el fondo no era sino el miedo animal a morirse.
Conversaciones con Francisco Ayala
Rosario Hiriart. Madrid, Espasa-Calpe, 1982.
Rosario Hiriart. Madrid, Espasa-Calpe, 1982.
A veces coincide que grandes personajes nacen casi simultáneamente
Otras veces, en cambio, eligen irse casi a la vez.
Otras veces, en cambio, eligen irse casi a la vez.
