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miércoles, febrero 17, 2010

El Monte de San Pedro

Remataré esta breve serie sobre el Monte de San Pedro casi por el principio. :-)

Recomiendo al lector la consulta de las dos entradas anteriores (esta y esta) para poder paladear adecuadamente el artículo escrito en 1926 por el genial y agudo Wenceslao Fernández-Florez:

Dice así:
Cerca de la playa de Riazor se alza el Monte de San Pedro. El monte de San Pedro es uno de los mas ociosos que puede haber en el mundo. Nunca sirvio para nada; ni para alimentar un pino ni para sostener una casa. Cuando yo estudiaba Historia Natural, ibamos alIi algunos camaradas a buscar minerales, y, si encontrabamos un cristal de cuarzo o un trocito de mica, nos parecia haber descubierto el Potosí. Más tarde, los boy-scouts escalaron mas de una vez las laderas del San Pedro, obligados por su atrevida divisa, que les manda ir "siempre adelante" dos o tres horas cada domingo de verano. Y bien podria decirse que no tiene otra historia el monte de San Pedro. Durante muchos siglos, los coruñeses hemos creido que estaba aquí para caracterizar -con su silueta un poco parecida a la de un gorro de la Legión- las fotografías de La Coruña, a la manera que el Corcovado delata a Rio Janeiro y el Vesubio revela a Napoles. Entonces el monte de San Pedro tenía esa importancia episódica y prescindible- de un lunar o una verruga en un rostro humano; un simple valor de identificacion. La escasa tierra vegetal que lo abriga apenas produce raquiticas y espinosas matas de tojo, la piedra que pudiera extraerse de él es humeda y verdosa; no alcanza la altura precisa para tentar a los alpinistas, y sus vertientes -que casi son derrumbaderos- hacen imposible que dirijan allí sus pasos esas personas de bucólico corazón que gustan de comer tortillas de patata en el campo.

Marché de La Coruña, hace diez o doce años, convencido de que el monte de San Pedro nunca llegaría a nada. Hace unos días, el Sr. Casás excelente alcalde de la capital gallega, me dijo:

-Hemos pensado instalar un restaurante en la cumbre...

Y vi claramente que éste era el destino del monte de San Pedro; tan claramente, que me extrañé de no haberlo adivinado antes. San Pedro está aquí, como Igueldo en San Sebastián o Archanda en Bilbao, para que lo coronen con un restaurante. Si nunca produjo nada, fue para no torcer su destino; si sus laderas son tan pendientes, es para dar pretexto a ese funicular que adorna a todos los montes distinguidos que joroban la tierra. He intentado explicar en mis anteriores artículos cuántos y cuáles eran los dones de La Coruña como ciudad veraniega. Faltaba éste para completar el cuadro. Pues helo aquí. Evoco la mole del San Pedro, me digo:

-Pero, en verdad, ¿para qué otra cosa podía servir? Si basta mirarle... ! Es seguro o que cuando, en una de sus convulsiones, la Tierra parió este promontorio habrá exclamado, con la voz ronca de un terremoto: "¡Para el turismo!"

Este monte estuvo, aquí desde el comienzo de las edades para que un día se constituyese una agrupación llamada Sociedad Anónima del Casino y del Funicular del Monte San Pedro, y llevase a la cumbre cemento, hierro, piedra y madera, y camareros y un jazz-band. Este monte nació para servir filetes de lenguado y fricandós; y para sentir en su lomo las leves cosquillas de los pies de los bailarines.

-Pero - continúa el Sr. Casás - es imposible. Parece ser que el ramo de Guerra, va a artillarlo.

¡Artillarlo! Es desgarrador. No quiero ocultar que sentí pena. Tener siglos y siglos aquí, a la puerta de casa, un monte ocioso un monte del que nos e esperaba nada bueno, y, cuando se descubre su excepcional utilidad, cuando va a dedicarse a un trabajo provechoso para, la gran familia coruñesa, resulta que entra en, quintas; deja a, un lado el frac del camarero y la casaca roja del zíngaro y se echa -al hombro un cañón. ¡Qué lástima!

Me han dicho que este monte tiene que defender otro monte que está no sé en dónde y que necesita de él. Compromisos que - tienen los montes, y, que yo no entiendo bien. No he de oponer nada. Antes del servicio obligatorio, yo pediría que el Monte de San Pedro fuese admitido, como coruñés, por la Fundación Amboage. Ahora,... si le llegó su momento de servir al Rey... , vaya con Dios. Ante todo hay que ser patriota. Pero el disculpable interés que siento por mi pueblo natal me inclina a proponer esta idea: ¿por qué no se hace que ese monte militar sea un monte de cuota?¿No podía, durante la licencia estival, descorchar Champaña y sembrar, durante el resto del año, el terror con sus disparos entre los bancos de sardinas que cruzasen el mar?¿Por qué no se intenta esta fórmula?¿Es que no hay precedentes?
Wenceslao Fernández-Flórez
La Coruña.
ABC 17/9/1926 págs 3-4

Visto en: Monte de San Pedro visto desde la Domus

Ochenta años después, pese a los cañones, hay restaurante en la cima y funicular...
...solo falta la Jazz Band

BSO: Dr. Jazz - Jelly Roll Morton and his Red Hot Peppers (1926)

viernes, agosto 21, 2009

Brezo y Mariposas

" (...) La luz del sol, que ya tocaba al zénit, lo enrubiaba todo; encendía con tonos áureos la grama seca; daba color de ágata a las simientes de la retama; hacía transparentes como farolillos de papel de seda carmesí las flores del brezo; convertía en follaje de raso recortado los brotes tiernos de las carrascas; calentaba con matices de venturina las hojas del pino; prestaba a la bellota verde el pulimento del jade; y en las alas vibrátiles de las mariposas monteses -esas mariposas tan distintas de las que se ven en terreno cultivado, esas mariposas que tienen colores de madera y hoja seca-, y en los carapachos de los escarabajos, y en la negra coraza y cuernos de las vacas louras, encendía tintas vivas, reflejos metálicos, esmaltes de oro, brillo negro de tallado azabache. La intensidad del calor arrancaba a los pinos todos sus olores de resina, a las plantas sus balsámicas exhalaciones; y entre el sol que le requemaba la sangre y el vaho que se elevaba de la ebullición de la tierra, y la leche que le aletargaba el cerebro, Manuela sentía como un comienzo de embriaguez, el estado inicial de la borrachera alcohólica, que pareciendo excitación no es en realidad sino sopor; el estado en que las manos resbalan sobre el objeto que quieren asir, en que los movimientos del cuerpo no obedecen a la voluntad, en que nos sentamos sin pesar sobre la silla y nos levantamos y andamos sin estribar en el suelo, porque el sentimiento de la gravedad se ha amortiguado mucho, y nuestras percepciones son vagas y turbias, y parece que ha desaparecido la resistencia de los medios, la densidad de la materia, la dureza de las esquinas y ángulos, y que los objetos en derredor se han vuelto fluidos, y nuestro cuerpo también, y más que nada nuestro pensamiento. (...)"

Emilia Pardo Bazán - Extracto de la Madre Naturaleza - Tomo II - Capítulo XIX

Visto en: Ribeira Sacra - Entre Monforte y Sober - Lugo

BSO: The Butterfly (La mariposa) Tradicional Irlandés por Ulli + PJ