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martes, enero 12, 2010

La tienda de la esquina

Regéntala, como dueño de ella, un buen hombre que jamás se enfada ni se apresura.

Vive de lo que vende, que es tanto como decir que vive de milagro; pues allí nunca se vende nada, y siempre se ven en tablas y escaparates los mismos objetos, descoloridos y ajados por el tiempo; siendo muy de notar, como fenómeno curioso, que rara vez un comprador pide cosa que en la tienda exista, pero que debiera existir, a juzgar por la índole de las mercancías que están a la vista, y con las cuales cree el tendero, sin duda alguna, que hay hasta de sobra para satisfacer todos los antojos del público.

Así se dan muy a menudo casos como el siguiente

-¿Tiene usted tachuelas? -pregunta un marchante acercándose al empolvado mostrador.

-¿Tachuelas? -repite el tendero poniéndose a meditar-. Precisamente tachuelas, no; pero tengo otra cosa que puede convenirle a usted más.

-¿Clavillos, quizá?

-No, señor: clavos romanos.

-¿Y qué es eso?

-Hombre, clavos romanos... son éstos. Vea usted, para sujetar las cortinas y formar pabellones. Un palmo tienen de cabeza, ¡qué hermosos!

-¡Pero si yo quiero tachuelas!

-Pues de eso no tengo ahora.

Y así hasta el infinito.

Alguna vez, muy rara, hay en la tienda lo que pide el comprador; pero precisamente en tales casos se halla el tendero entretenido en oír lo que cuentan o discuten sus tertulianos; y por no perder una sílaba del relato o de la disputa.

-¡No tengo! -responde con desabrimiento y sin volver la cara.

Por eso digo yo que no sé cómo vive este buen hombre, que sólo vive de lo que vende.

Visto en: Tienda en Gamla Stan - ciudad vieja de Estocolmo


BSO: Down on the corner - Abajo en la esquina - La incomparable Creedence