Vive de lo que vende, que es tanto como decir que vive de milagro; pues allí nunca se vende nada, y siempre se ven en tablas y escaparates los mismos objetos, descoloridos y ajados por el tiempo; siendo muy de notar, como fenómeno curioso, que rara vez un comprador pide cosa que en la tienda exista, pero que debiera existir, a juzgar por la índole de las mercancías que están a la vista, y con las cuales cree el tendero, sin duda alguna, que hay hasta de sobra para satisfacer todos los antojos del público.
Así se dan muy a menudo casos como el siguiente
-¿Tiene usted tachuelas? -pregunta un marchante acercándose al empolvado mostrador.
-¿Tachuelas? -repite el tendero poniéndose a meditar-. Precisamente tachuelas, no; pero tengo otra cosa que puede convenirle a usted más.
-¿Clavillos, quizá?
-No, señor: clavos romanos.
-¿Y qué es eso?
-Hombre, clavos romanos... son éstos. Vea usted, para sujetar las cortinas y formar pabellones. Un palmo tienen de cabeza, ¡qué hermosos!
-¡Pero si yo quiero tachuelas!
-Pues de eso no tengo ahora.
Y así hasta el infinito.
Alguna vez, muy rara, hay en la tienda lo que pide el comprador; pero precisamente en tales casos se halla el tendero entretenido en oír lo que cuentan o discuten sus tertulianos; y por no perder una sílaba del relato o de la disputa.
-¡No tengo! -responde con desabrimiento y sin volver la cara.
Por eso digo yo que no sé cómo vive este buen hombre, que sólo vive de lo que vende.
El buey suelto: Jornada III de José María de Pereda
Visto en: Tienda en Gamla Stan - ciudad vieja de Estocolmo
BSO: Down on the corner - Abajo en la esquina - La incomparable Creedence